Los contratos de futuros del S&P 500 y del Nasdaq cerraron a la baja en la madrugada de este viernes, con el primero perdiendo cerca de 30 puntos, equivalente a un 0,4 %, y el segundo descendiendo 70 puntos, alrededor del 0,6 %. La corrección se dio justo después de que los informes de ganancias de los principales actores de la inteligencia artificial hubieran dejado de impulsar la cotización de los valores tecnológicos. Todo indica que el impulso de la semana pasada, alimentado por resultados como los de Nvidia y Microsoft, empezó a desvanecerse, y el mercado reaccionó con una venta moderada pero sostenida.

El optimismo había llegado cuando, a mediados de 2024, la combinación de expectativas de crecimiento de la IA y una política monetaria estadounidense más acomodaticia había disparado la demanda de acciones de semiconductores y software. Lo que sorprende no es el dato de la caída, sino la rapidez con la que los inversores pasaron de la euforia a la cautela. En la jornada de ayer, los futuros de los bonos del Tesoro a 10 años subieron 4 puntos básicos, señal de que los participantes buscan refugio ante la incertidumbre.

El contexto que explica el retroceso

Desde el segundo semestre de 2024, el sector tecnológico ha sido el motor principal del S&P 500, con un aporte de más del 30 % a la rentabilidad total del índice. La ola de inversiones en IA, impulsada por los anuncios de chips dedicados y plataformas de aprendizaje automático, había elevado a empresas como AMD, Alphabet y Meta a máximos históricos. Sin embargo, la misma velocidad con la que se acumuló la exposición también generó una sobrevaloración que empezó a corregirse cuando los resultados trimestrales no cumplieron todas las proyecciones de crecimiento.

En la última ronda de earnings, Nvidia reportó ingresos un 18 % superiores a los esperados, pero su guía para el próximo trimestre fue revisada a la baja, lo que frenó la ola alcista. Microsoft y Alphabet, por su parte, mostraron márgenes más estrechos debido a los costos de infraestructura en la nube. Es difícil no ver en esto una señal de que el mercado está empezando a valorar la rentabilidad real más que la promesa de futuro, y los inversores están tomando ganancias antes de que la volatilidad vuelva a subir.

A este escenario se suma el entorno macroeconómico de Estados Unidos: la Reserva Federal ha mantenido una política de tasas altas para combatir una inflación que, aunque ha descendido al 3,2 % en junio, sigue por encima del objetivo del 2 %. Los rendimientos de los bonos del Tesoro se han mantenido estables, lo que reduce el atractivo de los activos de riesgo. El mercado parece estar subestimando el peso que la política monetaria seguirá teniendo en la valoración de las acciones de alta tecnología durante los próximos meses.

Implicancias para el inversor argentino

Para los argentinos, la caída de los futuros estadounidenses repercute de forma directa en el tipo de cambio y, por ende, en la capacidad de compra de dólares. Un retroceso del S&P 500 suele acompañarse de una apreciación del dólar frente al peso, lo que encarece las importaciones y presiona la inflación. Además, muchos fondos locales tienen exposición a través de ADRs o ETFs que replican el Nasdaq, por lo que la pérdida de 0,6 % en ese índice se traduce en una caída similar de sus participaciones, afectando los portafolios de los ahorradores que buscan diversificar en activos internacionales.

Los inversores con exposición a fondos de inversión que incluyen acciones de IA deben considerar reequilibrar sus carteras. Una estrategia prudente sería reducir la posición en ETFs altamente concentrados en semiconductores, como el Global X Semiconductor ETF (SOXX), y buscar alternativas más diversificadas, como fondos que combinen tecnología con consumo discrecional. El mercado parece estar subestimando el riesgo de una corrección prolongada, y una exposición demasiado pesada a la volatilidad tecnológica puede erosionar el capital en dólares, que ya es escaso para el argentino promedio.

En cuanto a la deuda soberana, la percepción de riesgo global influye en los spreads de los bonos argentinos. Un descenso en los índices US puede elevar la aversión al riesgo y encarecer los bonos locales, lo que a su vez presiona al gobierno a buscar financiamiento a tasas más altas. Para los inversores que mantienen bonos en dólares, como el Bonar 2030, la caída del mercado tech no cambia directamente su rendimiento, pero sí afecta la confianza de los compradores internacionales, lo que puede traducirse en menor liquidez y mayores spreads.

Los escenarios posibles para los próximos días se bifurcan entre una estabilización del rally tecnológico, impulsada por nuevos anuncios de chips o avances en IA, y una profundización de la corrección si los próximos informes de ganancias resultan decepcionantes. La publicación de los datos de inflación de EE. UU. y las minutas de la Fed, programadas para la próxima semana, serán catalizadores críticos. Si la inflación muestra una desaceleración sostenida, la Fed podría considerar una pausa en el aumento de tasas, lo que aliviaría la presión sobre los valores de riesgo.

En cualquier caso, lo que los inversores argentinos deben vigilar es la evolución del tipo de cambio y la política de cobertura que tengan en sus portafolios. Mantener una parte del ahorro en dólares físicos o en instrumentos de corto plazo puede amortiguar la exposición a la volatilidad de los mercados externos. Asimismo, diversificar entre sectores menos sensibles a la política monetaria, como energía o alimentos, sigue siendo una recomendación válida para proteger el poder adquisitivo frente a la inflación persistente en el país.