Armando Senra, quien lidera el negocio institucional de BlackRock en América, explicó en la reciente edición de "The Close" que los family offices perciben los conflictos internacionales como factores que alteran momentáneamente los mercados, pero no como motivos para replantear sus estrategias de largo plazo. En sus palabras, la atención se concentra en los eventos actuales, pero la arquitectura de la cartera se mantiene alineada con tendencias globales: mayor participación en mercados privados y uso intensivo de ETFs tanto para estrategias activas como pasivas. Todo indica que la visión de estos inversionistas está más enfocada en la diversificación que en la reacción impulsiva.
El ejecutivo subrayó que la expansión hacia activos no cotizados no es una novedad; se trata de una evolución que comenzó a ganar tracción después de la crisis financiera de 2008 y se aceleró con la pandemia de COVID‑19, cuando la búsqueda de rendimientos fuera de los mercados tradicionales se volvió una prioridad. En 2021, los fondos de capital privado atrajeron cerca de 500 mil millones de dólares a nivel global, una cifra que superó los 600 mil millones en 2023, según datos de Preqin. Es difícil no ver en esto una señal de que la aversión a la volatilidad de los mercados públicos está impulsando una migración sostenida hacia vehículos menos correlacionados.
La lógica de la diversificación institucional
Los family offices, que administran patrimonios familiares con un rango que va desde decenas de millones hasta varios cientos de miles de millones de dólares, han adoptado una estrategia de "beta‑plus": combinan la exposición a índices tradicionales con apuestas selectivas en fondos de capital privado, infraestructura y bienes raíces. Este enfoque se alimenta de la creencia de que los retornos absolutos pueden alcanzarse sin depender exclusivamente del desempeño de los índices bursátiles. Además, la proliferación de ETFs ha permitido a estos inversores replicar exposiciones antes reservadas a fondos cerrados, reduciendo costos y aumentando la liquidez.
En los últimos años, la adopción de ETFs ha crecido de manera exponencial. Según la Investment Company Institute, la cantidad de activos bajo gestión en ETFs pasó de 4 billones de dólares en 2017 a más de 9 billones en 2023. La capacidad de combinar ETFs de renta fija, materias primas y mercados emergentes en una sola plataforma ha simplificado la tarea de diversificar, algo que los family offices valoran enormemente. El mercado parece estar subestimando el impacto que esta facilidad tiene en la reducción de la exposición a riesgos geopolíticos, ya que los inversores pueden reequilibrar sus carteras en cuestión de minutos.
Otro factor que refuerza la tendencia es la mayor disponibilidad de datos y herramientas analíticas para evaluar oportunidades en mercados privados. Plataformas como iCapital y Moonfare han democratizado el acceso a fondos de capital privado, antes reservados a grandes instituciones. La combinación de mayor información y estructuras de inversión más flexibles ha creado un caldo de cultivo propicio para que los family offices amplíen su exposición sin comprometer la gestión del riesgo.
Repercusiones para el inversor argentino
Para los ahorradores y gestores de patrimonio en Argentina, la postura de BlackRock ofrece una brújula útil en un escenario donde la inflación supera el 250 % anual y el tipo de cambio oficial muestra una brecha cada vez mayor con el mercado paralelo. La tendencia global hacia la diversificación en activos privados sugiere que los fondos locales podrían explorar alianzas con gestores internacionales para ofrecer productos de private equity o infraestructura que ayuden a mitigar la erosión del poder adquisitivo. Es preciso considerar que la exposición a ETFs internacionales, especialmente los que replican índices de mercados desarrollados, puede servir como refugio frente a la volatilidad del peso.
Los bonos soberanos argentinos, que siguen cotizando con rendimientos superiores al 70 % en el mercado local, presentan un atractivo para quienes buscan rendimientos altos, pero conllevan riesgos de reestructuración y devaluación. En este contexto, la recomendación implícita de Senra de mantener la exposición a ETFs de alta calidad puede traducirse en una estrategia de cobertura: comprar ETFs que incluyan bonos del Tesoro de EE.UU. o de la zona euro, reduciendo la correlación con el riesgo país. El mercado parece estar subestimando la capacidad de los ETFs para actuar como amortiguadores de la exposición cambiaria.
Para los inversores que ya poseen carteras con una alta concentración en acciones locales, la diversificación hacia fondos de inversión en dólares o a través de plataformas de crowdfunding inmobiliario puede representar una vía para proteger el capital. Sin embargo, es esencial evaluar la liquidez de estos instrumentos, ya que la capacidad de salida rápida sigue siendo un factor crítico en un entorno inflacionario. Todo indica que la combinación de ETFs y activos privados ofrece un balance entre rendimiento y seguridad que resulta atractivo para la clase media alta argentina.
Mirando hacia el futuro cercano, la evolución de los flujos de capital hacia ETFs y fondos privados dependerá de la estabilidad política y de la política cambiaria del gobierno. Si el tipo de cambio oficial se mantiene rígido y la brecha con el mercado blue se amplía, la demanda de instrumentos dolarizados probablemente se intensifique, reforzando la presión sobre el peso. Por otro lado, una posible apertura de la cuenta corriente para la compra de activos internacionales podría acelerar la adopción de ETFs como vehículo de ahorro.
En los próximos días, los observadores deberían prestar atención a los datos de inversión institucional publicados por la Comisión Nacional de Valores (CNV) y a los flujos de capital reportados por los bancos locales. Un aumento sostenido en la compra de ETFs cotizados en la Bolsa de Nueva York o en la bolsa europea sería una señal clara de que los argentinos están siguiendo la pista trazada por los family offices globales. El escenario más probable es que la combinación de alta inflación y volatilidad cambiaria continúe impulsando la búsqueda de refugios en activos internacionales, mientras que el Merval podría quedar relegado a un rol secundario dentro de una cartera diversificada.




