Las acciones de compañías relacionadas con la inteligencia artificial repuntaron en la negociación fuera de horario el martes, impulsadas por los primeros números de ventas de Super Micro Computer Inc. La firma de servidores, que ha sido un barómetro clave para la demanda de infraestructura de IA, mostró una facturación preliminar que superó las expectativas de los analistas, desencadenando una oleada de optimismo entre los inversores. En la bolsa de Nueva York, el ticker SMCI avanzó más del 7% en la sesión de after‑hours, mientras que gigantes como Nvidia (NVDA) y AMD (AMD) también registraron subidas de entre 3% y 5%, reflejando una confianza renovada en el ritmo de adopción de la tecnología.
Los datos preliminares de Super Micro revelaron ingresos de aproximadamente 1.150 millones de dólares para el trimestre que finalizó en junio, frente a los 1.050 millones que proyectaban los consensos de Bloomberg. Además, la compañía reportó un crecimiento del 42% en la venta de sus módulos de cómputo especializados para entrenamiento de modelos de lenguaje, un segmento que ha sido el motor de la demanda de chips de alta potencia. Todo indica que los clientes, desde grandes nubes públicas hasta startups emergentes, están acelerando sus planes de inversión para no quedarse rezagados en la carrera de la IA, y el mercado parece estar subestimando la velocidad de esa corrida.
El contexto de la corrida a la IA
La fiebre por la inteligencia artificial no es un fenómeno nuevo; sin embargo, los últimos 18 meses han visto una explosión sin precedentes de capitales destinados a hardware y software que habilitan modelos cada vez más grandes. Desde el anuncio de GPT‑4 a finales de 2023, la inversión global en servidores de IA se ha disparado, alcanzando los 30.000 millones de dólares en 2024, según datos de IDC. En ese marco, Super Micro ha pasado de ser un proveedor de servidores de nicho a uno de los principales constructores de racks densos capaces de alojar cientos de GPUs Nvidia H100, lo que ha elevado su visibilidad entre los fondos de tecnología.
A pesar del entusiasmo, la ruta no ha sido lineal. La primera mitad de 2023 estuvo marcada por una corrección de precios en las acciones de IA, provocada por la incertidumbre sobre la capacidad de los consumidores empresariales para sostener niveles de gasto tan elevados en medio de una política monetaria restrictiva de la Reserva Federal. Los índices de precios al productor (PPI) de EE. UU. mostraron una desaceleración en la demanda de equipos de cómputo, y los analistas temían una sobreoferta de GPUs. Sin embargo, la reciente señal de que los pedidos de servidores especializados siguen creciendo sugiere que la caída fue más bien una pausa estratégica que un giro estructural.
El sector ha visto también una revaloración de los múltiplos de valoración. A finales de 2023, el ratio precio‑beneficio (P/E) de Nvidia rondaba los 80, mientras que el de empresas más pequeñas como Marvell Technology (MRVL) superaba los 100. Es difícil no ver en esto una señal de que los inversionistas están dispuestos a pagar primas mayores a cambio de exposición a la cadena de suministro de IA, siempre que la demanda subyacente se mantenga robusta. En este escenario, los resultados preliminares de Super Micro actúan como un termómetro que confirma que la presión de compra sigue presente.
Repercusiones para la economía argentina
Para los argentinos, el impulso de las acciones de IA tiene implicancias que van más allá de la mera cotización de un par de títulos en Wall Street. En primer lugar, la apreciación de estos valores suele traducirse en flujos de capitales hacia fondos de tecnología, lo que a su vez puede generar una mayor demanda de dólares para financiar esas inversiones. En los últimos dos meses, el mercado de cambios ha registrado una presión alcista en el dólar blue, que se ha mantenido alrededor de 800 pesos, en parte alimentada por la búsqueda de refugio en activos extranjeros. Lo que sorprende no es el dato de la cotización del dólar, sino la velocidad con la que los fondos de inversión locales reorientan sus carteras hacia ETFs de IA, como el Global X AI & Technology ETF (AIQ), lo que incrementa la presión sobre el tipo de cambio.
Para el inversor argentino, la exposición a la ola de IA puede hacerse de forma directa mediante la compra de acciones internacionales a través de brokers que permiten operar en dólares, o indirectamente mediante fondos comunes de inversión que replican índices de tecnología. Sin embargo, es crucial considerar el riesgo cambiario: una depreciación del peso frente al dólar podría erosionar los retornos en términos de pesos, aun cuando la acción suba en dólares. En este sentido, diversificar parte del portafolio en bonos ajustados por CER o en dólares a plazo puede servir de cobertura parcial, mientras se mantiene una posición limitada en acciones de IA para capturar la posible apreciación.
Otro punto a tener en cuenta es el efecto indirecto sobre el sector tecnológico local. La mayor disponibilidad de hardware de IA a precios más competitivos, impulsada por la expansión de fabricantes como Super Micro, abre la puerta a startups argentinas que buscan entrenar modelos de lenguaje o desarrollar soluciones de visión por computadora. El ecosistema de software de la región podría beneficiarse de una caída en los costos de infraestructura, lo que a su vez alimentaría la creación de empleo especializado y, potencialmente, la generación de exportaciones de servicios de IA. Todo indica que el impulso global en IA podría traducirse en una ventana de oportunidad para la industria tecnológica nacional.
Mirando al futuro, varios escenarios se perfilan en los próximos meses. Si Super Micro publica sus resultados completos en julio con un crecimiento sostenido, es probable que el optimismo se extienda a otras compañías de la cadena de suministro, impulsando nuevas subidas en los ETFs de IA y reforzando la entrada de capitales extranjeros en la bolsa argentina. Por otro lado, un retroceso inesperado en la demanda de servidores, quizás desencadenado por una nueva ronda de endurecimiento de la política monetaria estadounidense, podría revertir la tendencia y reactivar la aversión al riesgo, lo que presionaría al peso y al mercado de bonos soberanos.
En cualquier caso, los inversores deben vigilar de cerca los indicadores que alimentan la ola de IA: los pedidos de GPUs de Nvidia, los anuncios de nuevos modelos de servidores de compañías como Dell y HP, y los pronósticos de gasto de capital de grandes corporaciones tecnológicas. Asimismo, la evolución de la política cambiaria en Argentina, con la posible reactivación del cepo o la modificación de la tasa de interés, seguirá siendo un factor decisivo para determinar si la exposición a la IA se traduce en ganancias reales o en una ilusión de rentabilidad que se desvanece al convertir los dólares a pesos. La prudencia, combinada con una visión de medio plazo, será la mejor guía para navegar este entorno volátil.




