El brote de la enfermedad aviar altamente contagiosa que azotó a granjas de pollos en el sur de Brasil a inicios de junio provocó la imposición inmediata de controles sanitarios por parte de China, el mayor comprador del producto brasileño. Según datos de Bloomberg Markets, las exportaciones de carne de ave brasileña a China, que representaban cerca del 30 % del total mundial, se vieron reducidas en un 40 % en las primeras dos semanas, dejando a los exportadores en una situación de urgencia. El Gobierno brasileño, bajo presión, activó un plan de emergencia que incluye la vacunación masiva de aves, la cuarentena de granjas afectadas y un paquete de ayudas financieras para los productores más golpeados.
Las autoridades del país sudamericano anunciaron que, además de la vacunación, se implementarán inspecciones reforzadas en los puertos de Santos y Paranaguá, y se ofrecerán líneas de crédito blandas para que los productores puedan reponer su stock de pollos y de alimento balanceado. La medida busca evitar una escasez prolongada que pueda desencadenar un aumento descontrolado de los precios internacionales, algo que ya se observa en los mercados de futuros de materias primas. Todo indica que Brasil está tratando de contener el daño antes de que la percepción de riesgo se traduzca en una caída estructural de su participación en el mercado chino.
El brote y sus repercusiones internacionales
Para comprender la magnitud del suceso, es necesario mirar el historial de los últimos años. En 2015, una cepa del virus H5N1 obligó a Brasil a suspender temporalmente las exportaciones a varios países asiáticos, lo que provocó una caída del 15 % en los ingresos del sector avícola. En 2020, la pandemia de COVID‑19 había interrumpido la logística portuaria, pero el sector logró recuperarse gracias a la demanda interna y a la diversificación de mercados. En la actualidad, Brasil exporta alrededor de 2,8 millones de toneladas de carne de ave al año, de las cuales China absorbe aproximadamente 850 000 toneladas. El brote actual, por tanto, golpea una pieza clave de la cadena de suministro global y genera incertidumbre entre los compradores.
El precio del pollo en los mercados mayoristas internacionales ha reaccionado con volatilidad. Desde la detección del virus, el contrato de futuros de carne de ave en la Bolsa de Chicago subió 12 % y se mantiene por encima de los niveles pre‑brote. En Brasil, los productores reportan un aumento del 18 % en el costo de los antibióticos y vacunas, mientras que los granjeros pequeños temen la pérdida de ingresos que podría llevar a cierres de granjas. El escenario no es ajeno a la experiencia de 2004, cuando un brote similar obligó a Brasil a destinar más de 30 % de su producción a consumo interno, provocando escasez en Asia y una caída de 8 % en el PIB agropecuario.
En el contexto latinoamericano, Argentina ha sido tradicionalmente un competidor secundario en el suministro de pollo a China, con una participación que rondaba el 5 % del total importado por el gigante asiático en 2022. Sin embargo, la caída de la oferta brasileña abre una ventana de oportunidad para que los exportadores argentinos amplíen su cuota de mercado. El Ministerio de Agricultura de Argentina ya ha anunciado que está dispuesto a facilitar certificaciones sanitarias y a ofrecer incentivos fiscales a los productores que quieran exportar a China bajo los nuevos requisitos de bioseguridad.
Repercusiones para la economía argentina
El impacto inmediato se siente en los precios al consumidor. En Buenos Aires, el precio del kilogramo de pollo ha subido 7 % en la última quincena, una presión que se suma a la inflación anual que supera el 140 %. Para los hogares argentinos, cuyo gasto en alimentos representa cerca del 30 % del presupuesto familiar, la alza del pollo se traduce en una reducción del poder de compra. Lo que sorprende no es el dato de la subida, sino la rapidez con la que el mercado interno ha absorbido la escasez externa, revelando la vulnerabilidad de la cadena de suministro local.
Para el inversor argentino, la situación abre una serie de posibilidades. Las acciones de empresas avícolas como Granja El Porvenir y la productora de alimentos balanceados Agropecuaria del Litoral han visto incrementos de 15 % y 12 % respectivamente en la última semana, reflejando la expectativa de mayores márgenes de ganancia. Además, los bonos soberanos en dólares siguen atrayendo a compradores que buscan refugio ante la incertidumbre global, aunque la presión inflacionaria y la devaluación del peso siguen pesando en la evaluación de riesgo. Es difícil no ver en esto una señal de que la agroindustria local puede capitalizar la escasez externa, siempre que se mantenga la estabilidad sanitaria.
El balance comercial argentino también podría beneficiarse. En 2023, la balanza de exportaciones avícolas alcanzó US$ 1.200 millones, pero la caída de las importaciones de pollo brasileño podría traducirse en un superávit adicional de entre US$ 200 y 300 millones, dependiendo de la capacidad de producción interna. Este flujo positivo ayudaría a contener la presión sobre el tipo de cambio, que ha oscilado entre 350 y 380 pesos por dólar en los últimos meses. Sin embargo, la posible revaluación del peso también podría afectar la competitividad de otras exportaciones, creando un dilema de política cambiaria para el gobierno.
A medida que el brote avanza, los analistas siguen de cerca los indicadores sanitarios publicados por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) y la Organización Mundial de Sanidad Animal. Si las restricciones chinas se mantienen por más de dos meses, es probable que los importadores busquen alternativas en otros países como Tailandia o Estados Unidos, lo que disminuiría la ventana de oportunidad para Argentina. Por otro lado, una contención rápida del virus permitiría a Brasil reanudar sus exportaciones, reestableciendo la dinámica de precios y reduciendo la presión inflacionaria en la región.
En los próximos días, los observadores del mercado deberían vigilar tres variables clave: la evolución de los casos confirmados en Brasil, la respuesta de la autoridad sanitaria china en cuanto a la relajación de los controles, y la capacidad de producción adicional de los granjeros argentinos. Un repunte inesperado del tipo de cambio o una nueva alza de la inflación podrían alterar la rentabilidad de los proyectos avícolas, mientras que una estabilización de los precios internacionales abriría espacio para que el sector argentino consolide su posición como exportador de pollo de calidad. La coyuntura muestra cómo un evento sanitario en un país vecino puede resonar en la balanza comercial, en los precios internos y en la estrategia de inversión de los argentinos.




