Los sondeos más recientes del Banco de Canadá revelaron que la expectativa de inflación a un año subió al 3,1%, un punto porcentual por encima del pronóstico de hace tres meses. Al mismo tiempo, la encuesta mostró que el 68% de las empresas encuestadas planea trasladar el aumento de sus insumos a los precios finales. Todo indica que la presión inflacionaria está tomando un giro más visible en la política monetaria canadiense.
En el último trimestre, la tasa de inflación subyacente se mantuvo alrededor del 2,8%, mientras que la tasa de política se ubicó en el 5,0% desde mediados de 2023. El dato sugiere que la autoridad monetaria está dispuesta a endurecer aún más su posición si el impulso de precios persiste. Es difícil no ver en esto una señal de que la próxima reunión del Comité de Política Monetaria podría culminar en un aumento de medio punto.
El contexto que explica el repunte de expectativas
Para entender la subida de expectativas, hay que retroceder a la crisis sanitaria de 2020, cuando la cadena de suministros global se vio interrumpida y los precios de materias primas se dispararon. Canadá, gran exportador de energía y de alimentos, sintió el impacto de los cuellos de botella en los puertos del Pacífico y del Atlántico. Desde entonces, la inflación anual ha oscilado entre el 1,5% y el 3,7%, con un pico del 4,8% en 2022. La política de tasas ha sido reactiva: el Banco de Canadá elevó su tasa de referencia en ocho aumentos consecutivos entre 2021 y 2023, alcanzando el 5,0% en febrero de 2024.
Además, la recuperación del mercado laboral ha impulsado los salarios reales, lo que alimenta la demanda interna. El índice de salarios ajustado por inflación creció un 4,2% en los últimos doce meses, lo que genera un círculo virtuoso para la inflación. El mercado parece estar subestimando la magnitud de los efectos rezagados de los precios de energía, que aún no se han reflejado por completo en los costos de producción de los sectores manufacturero y de servicios.
Por último, la política fiscal del gobierno federal, con su paquete de incentivos a la vivienda y la inversión verde, ha aumentado la demanda de materiales de construcción, elevando los precios del acero y la madera. Lo que sorprende no es el dato en sí, sino la rapidez con que las empresas han decidido trasladar esos costos a los consumidores, lo que podría reforzar la espiral inflacionaria.
Implicancias para la economía argentina
El vínculo entre la inflación canadiense y la argentina no es directo, pero sí está mediado por los precios internacionales de commodities y por la percepción de riesgo global. Canadá es uno de los mayores exportadores de petróleo crudo y de granos; una mayor presión de precios en estos mercados tiende a elevar los costos de importación para Argentina, que depende de la compra de fertilizantes y de energía. Un alza del 5% en los precios del trigo y del maíz, por ejemplo, encarecería los insumos agrícolas argentinos, presionando los costos de producción en la cadena agroalimentaria.
Para el ahorrista argentino, el escenario se traduce en una posible depreciación del peso frente al dólar, ya que los flujos de capital pueden buscar refugio en activos más seguros como el dólar estadounidense o el euro. En la práctica, el tipo de cambio oficial podría seguir bajo presión, mientras que el dólar MEP y el dólar bolsa podrían registrar mayores volatilidades. El inversor que mantenga bonos en dólares, como los Bonos del Tesoro en dólares (BYD), observará una posible mejora de su rentabilidad real si la inflación local se acelera y el peso pierde valor.
En el Merval, la expectativa de mayor inflación en los socios del G7 puede traducirse en una caída de la aversión al riesgo, lo que beneficia a empresas exportadoras de commodities y a las del sector energético. Sin embargo, las compañías que dependen de insumos importados, como la industria química o la automotriz, podrían ver reducida su margen de utilidad. En este contexto, lo más prudente para el inversor argentino sería diversificar entre acciones de exportación, bonos en dólares y mantener una parte de sus ahorros en instrumentos de corto plazo que protejan contra la devaluación.
Los próximos días estarán marcados por la publicación del índice de precios al consumidor de Canadá para mayo y por la reunión del Comité de Política Monetaria prevista para mediados de junio. Si la inflación sigue superando la meta del 2%, es probable que el banco central eleve nuevamente la tasa de referencia. Al mismo tiempo, el mercado observará la respuesta de la Reserva Federal estadounidense, cuyo movimiento influye directamente en los flujos de capital hacia los mercados emergentes.
En última instancia, la trayectoria de la inflación canadiense será un termómetro de la salud de la economía global. Si los precios internacionales continúan subiendo, el peso argentino podría enfrentar una nueva ronda de presión, lo que obligará a los inversores a replantear su exposición a activos locales y a buscar coberturas en divisas fuertes. Mantenerse alerta a los datos de precios de energía y a los anuncios de política monetaria será clave para decidir cuándo reequilibrar la cartera.




