El mercado de restaking, que surgió como una extensión del staking tradicional al permitir que los tokens ya asegurados se volvieran a emplear en otras capas de rendimiento, alcanzó su punto máximo a principios de 2023. Según datos de DeFi Llama, el valor total bloqueado (TVL) en los principales protocolos superó los 12 mil millones de dólares, con una rentabilidad promedio que rondaba el 12 % anual. Sin embargo, los últimos informes de CoinDesk muestran que la mayoría de esos proyectos apenas están cubriendo sus costos operativos, con márgenes de beneficio que se sitúan en torno al 0,5 % o incluso negativos.
Esta reversión se produce cuando la volatilidad de los precios de los cripto‑activos se intensificó y los rendimientos de los préstamos y liquidez en otras plataformas empezaron a ofrecer tasas más competitivas. Además, los costos de gas en la red Ethereum, que siguen superando los 30 dólares por transacción en momentos de congestión, erosionan rápidamente cualquier ganancia marginal. Todo indica que el entusiasmo inicial fue impulsado más por la expectativa de retornos rápidos que por una estructura sostenible.
El contexto que explica el giro del restaking
Para entender por qué el restaking perdió ímpetu, es necesario retroceder a los eventos de 2021‑2022, cuando la fiebre del yield farming llevó a los usuarios a buscar cualquier pista de rendimiento adicional. En ese periodo, el TVL de Ethereum pasó de 1 mil millones a más de 5 mil millones de dólares, y la aparición de protocolos como Lido, Rocket Pool y EigenLayer prometió multiplicar los ingresos sin requerir capital adicional. La lógica era simple: si ya se estaba ganando un 5 % con staking, ¿por qué no reinvertir ese mismo token para obtener otro 5 %? La respuesta parecía clara, al menos mientras el precio de ETH se mantuviera estable o subiera.
Sin embargo, el año 2022 trajo una serie de shockers: la caída de Terra‑UST, el colapso de varios proyectos de préstamos y la subida de las tasas de interés en los mercados tradicionales. Estos eventos obligaron a los protocolos a reajustar sus modelos de riesgo, reduciendo la exposición a activos volátiles. El resultado fue una contracción del TVL en el sector de restaking, que pasó de 12 mil millones a cerca de 6 mil millones a mediados de 2024.
A esto se suman los cambios regulatorios en Europa y EE. UU., donde las autoridades comenzaron a considerar el restaking como una forma de préstamo no garantizado, exigiendo mayor capital de reserva. La presión sobre la liquidez obligó a los operadores a subir las comisiones de salida, lo que a su vez redujo la atracción para los nuevos participantes. Es difícil no ver en esto una señal de que la fase de experimentación está terminando y que solo los protocolos con una base de usuarios sólida y costos operativos bajos sobrevivirán.
Qué implica la caída para los inversores argentinos
En Argentina, donde la inflación anual supera el 250 % y el peso se deprecia frente al dólar a un ritmo acelerado, muchos ahorristas han buscado refugio en cripto‑activos. El restaking, durante su apogeo, se presentó como una forma de obtener rendimientos superiores a los bonos soberanos, que apenas alcanzan el 80 % en dólares. Con la reciente pérdida de rentabilidad, los inversores locales deben replantear su estrategia. El mercado parece estar subestimando la exposición a riesgos de contrato inteligente, que pueden traducirse en pérdidas reales cuando los protocolos no cubren sus costos.
Para un inversor que posee, por ejemplo, 10 ETH (aproximadamente 18 mil dólares al tipo de cambio actual), la diferencia entre una rentabilidad del 12 % y del 0,5 % significa pasar de 2 160 dólares anuales a apenas 90 dólares. En términos de ahorro en dólares, la brecha es sustancial y se vuelve menos atractiva que colocar esos fondos en un fondo de inversión en dólares o en un plazo fijo en la banca offshore. Además, la volatilidad del tipo de cambio ARS/USD, que ha oscilado entre 350 y 420 en los últimos seis meses, amplifica cualquier pérdida de oportunidad.
Sin embargo, no todo está perdido. Algunos protocolos están ajustando sus modelos para ofrecer recompensas en tokens de gobernanza que, a largo plazo, podrían apreciarse si la comunidad logra impulsar mejoras de escalabilidad. Los argentinos con una visión de medio plazo podrían considerar diversificar parte de su exposición a restaking con posiciones en proyectos que ya muestran flujos de ingresos positivos, como Lido, que mantiene un margen de beneficio del 3 % gracias a su amplio pool de usuarios.
En el corto plazo, la recomendación para el ahorrista argentino es mantener una porción limitada del portafolio en restaking, no más del 5 % del total en cripto, y priorizar activos con liquidez garantizada. También es prudente seguir de cerca los indicadores de gas de Ethereum; cuando el precio del gas supera los 25 dólares, la rentabilidad neta suele volverse negativa, lo que justifica una salida anticipada.
Escenarios y miradas al futuro
Si los precios de ETH vuelven a estabilizarse y la congestión de la red disminuye gracias a la adopción de rollups, es posible que algunos protocolos recuperen parte de su margen. En ese escenario, los inversores argentinos podrían volver a considerar el restaking como una herramienta complementaria, siempre y cuando mantengan una vigilancia activa sobre los costos de transacción y la salud del protocolo. Por otro lado, si la tendencia de alta de gas persiste y los reguladores continúan imponiendo requisitos de capital, la mayoría de los proyectos de restaking podrían quedar relegados a un nicho de usuarios muy especializados.
En cualquier caso, lo que sorprende no es el dato de rentabilidad, sino la velocidad con la que el mercado ha reconfigurado sus expectativas. Los participantes deben estar preparados para ajustar sus posiciones rápidamente, usando herramientas de monitoreo de TVL y de comisiones de gas, y no depender exclusivamente de la promesa de “ganancias pasivas”. La capacidad de adaptación será la que determine quién protege mejor sus ahorros frente a la inflación y la devaluación del peso.




