China, que absorbe más del 60% de la soja mundial, ha dejado de comprar Brasil a la velocidad que mantenía en los últimos meses. Según datos de la aduana china, las importaciones de granos brasileños pasaron de 4,5 millones de toneladas en febrero a menos de 0,8 millones en la última semana de junio, una caída que supera el 80% del nivel anterior. Los precios internacionales del grano se cotizan alrededor de 460 dólares la tonelada, mientras que el costo de producción brasileña ronda los 380 dólares, dejando márgenes de apenas 30 dólares por tonelada, insuficientes para los procesadores que operan bajo precios de venta internos cada vez más regulados. El anuncio se produce en el marco de la cumbre entre el presidente estadounidense y el líder chino, que podría redefinir la política comercial y, con ello, la demanda de materias primas.

El descenso de la demanda china se suma a una serie de tensiones que se vienen gestando desde 2018, cuando la guerra comercial entre EE.UU. y China obligó a Pekín a buscar proveedores alternativos. Brasil se convirtió entonces en el principal sustituto, incrementando sus exportaciones de 45 millones de toneladas en 2017 a más de 80 millones en 2022. Sin embargo, la combinación de una sequía parcial en el sur del país y la subida del fertilizante ha encarecido la producción, erosionando la competitividad frente a la soja estadounidense, que sigue beneficiándose de subsidios y de una estructura de costos más estable. Todo indica que la presión sobre los márgenes ya no es una anomalía, sino una tendencia que obliga a los compradores chinos a replantear sus fuentes.

Los precios del grano han experimentado una volatilidad sin precedentes en la última década. En 2021, la soja alcanzó los 560 dólares la tonelada, impulsada por la escasez de oferta y la fuerte demanda de China. Desde entonces, la curva de precios ha descendido de forma gradual, pero los costos de producción en Brasil han subido en un 12% anual, según el Instituto de Economía Agrícola (IEA). La diferencia entre el precio FOB de Brasil y el precio interno chino ha pasado de una brecha de 70 dólares a menos de 20, lo que convierte cualquier compra en una operación de riesgo para los procesadores locales. Es difícil no ver en esto una señal de que Pekín está dispuesto a aceptar precios más altos de sus proveedores tradicionales o a buscar alternativas en el mercado interno, donde la soja recién cultivada está disponible a precios más competitivos.

En este escenario, la perspectiva para Argentina se vuelve más compleja. El país exportó 12,5 millones de toneladas de soja en la campaña 2023/24, cifra que representa el 15% del total mundial, pero que sigue muy por debajo del potencial que mostraba el auge de los últimos años. La caída de la demanda china a Brasil podría abrir una ventana para que los granos argentinos ganen cuota, siempre que logren mantener costos bajo control y ofrezcan calidad competitiva. Sin embargo, la depreciación del peso y la alta inflación siguen encareciendo los insumos, lo que podría traducirse en precios de exportación menos atractivos. El mercado parece estar subestimando el impacto que una mayor presión inflacionaria tenga sobre la capacidad de los exportadores de cubrir sus costos operacionales.

Los principales actores del Merval vinculados al agro, como Cresud y Bunge Argentina, ya ven reflejado el nerviosismo en sus cotizaciones, que han registrado una caída del 4% y del 5,5% respectivamente desde que se conocieron los datos de la aduana china. Los bonos soberanos en dólares también sienten el tirón, con una suba del spread de riesgo que supera los 150 puntos básicos, pues los inversores temen una reducción de los ingresos por exportaciones. Para el ahorrador argentino, la combinación de una posible caída del tipo de cambio real y la incertidumbre sobre los ingresos del sector agroexportador sugiere que la exposición al dólar vía bonos locales o fondos de inversión agro podría volverse más costosa. Y, por supuesto, la inflación persistente del 220% anual sigue erosionando el poder de compra, lo que vuelve esencial buscar refugios en activos reales.

Desde el punto de vista del inversor, la recomendación no es simplemente alejarse del sector, sino reconfigurar la exposición. Quienes ya poseen acciones de compañías agropecuarias pueden considerar reforzar posiciones en aquellas con mayor presencia en la cadena de valor, como los procesadores que poseen sus propias instalaciones de molienda, pues podrían beneficiarse de precios internos más altos. Al mismo tiempo, diversificar hacia contratos de futuros de soja en el CME o a fondos cotizados que replican el índice de granos puede ofrecer una cobertura contra la volatilidad de los precios spot. No es momento de olvidar la necesidad de proteger la cartera en dólares mediante instrumentos como el CEDEAR de empresas exportadoras, aunque la volatilidad del tipo de cambio siga siendo una incógnita.

Los escenarios futuros dependen de varios factores. Si China mantiene su postura de reducir compras a Brasil, los precios internacionales podrían repuntar, lo que abriría una oportunidad para que la soja argentina recupere parte de la cuota perdida, siempre que el gobierno logre estabilizar la cadena de suministros de fertilizantes y energía. Por otro lado, si la cumbre Trump‑Xi desemboca en acuerdos que favorezcan la reactivación de la demanda china, los precios podrían caer nuevamente, dejando a los exportadores argentinos con márgenes aún más estrechos. Además, una posible mejora en la producción estadounidense, impulsada por la expansión de la zona de cultivo en el medio oeste, podría añadir más presión a la oferta global.

Para los próximos días, será clave seguir de cerca los comunicados del Ministerio de Comercio de China y los reportes de la USDA sobre las proyecciones de cosecha. En el plano local, la evolución del tipo de cambio oficial y del mercado blue, así como la publicación de los índices de precios al productor (IPP) de la soja, marcarán la senda de la rentabilidad agro. Los inversores que mantengan una visión de medio plazo y ajusten su exposición a la luz de estos indicadores estarán mejor posicionados para capear la incertidumbre que genera la actual reconfiguración del mercado mundial de soja.